Mientras espero impaciente
a que el semáforo dibuje
el monigote verde, un transeúnte
con traje algo viejo, pero decente
se acerca y me pregunta
una dirección caligrafiada en un papel.
Cruce usted el río y la primera
calle es, pregunte a alguien
pues el número ocho no sé
si cae a izquierda o a derecha.
Muchas gracias, muy amable
que tenga un buen día, igualmente.
Me olvido de cruzar,
ese buen hombre
es otro recién pobre
que va al comedor social.
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