En la librería encuentro algún sentido en el deber
de acudir a diario al trabajo ya que aprovecho
la media hora del café para perderme
entre las novedades y los libros
de bolsillo y despertarme
en la recóndita esquina
en donde sobreviven
pocos ejemplares
de poesía
en silencio
cojo uno al azar
y sin mirarlo apenas
me acerco al mostrador
por favor lo quiero para regalo
y de paso a la oficina entro en Correos
escribo unas señas sobre un sobre acolchado
cierro el paquete lo franqueo lo envío sin remitente
a un destino inventado lo más lejos posible de la librería.
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